Como siempre he dicho, el mundo cada día está más y más loco, me sorprende. Pónganse en la siguiente situación (todo esto es verídico, no son elucubraciones de mi mente):
Una bella joven, estaba tranquilamente sentada frente al computador, en una calurosa tarde de Diciembre, hablando fervorosamente por Messenger. Por esas casualidades, mira por la ventana. ¡Horror! Una micro de esas amarillas, que por suerte van a desaparecer, se venía en contra de su casa. Sólo atina a gritar: “PAPAAAAAA”. Su padre, desesperado, piensa que le están haciendo algo, pero, se da cuenta de la situación. Una micro había chocado con su casa. Esto no era nada nuevo. Hace un tiempo, había sucedido algo similar. Pero esta vez, aunque no hay personas heridas, se dañó el portón de la casa. Bueno, si hubo personas heridas, incluso muertas. Resulta que la señora de la casa de al lado era enferma del corazón. Estaba plácidamente tejiendo en la puerta de la casa, observando cada movimiento de sus vecinos, como era su costumbre. Pero, al ver una micro que se dirigía a ella, se asustó tanto que le dio un ataque. Como era viejita, pasó a mejor vida. Bueno, pero no nos desviemos del tema que nos concierne.
Después del choque, el padre de la joven toma un palo y sale de su casa a increpar al estúpido chofer. Pero prefirió hacerle caso a nuestras autoridades de su llamado a la no violencia y no tomarse la justicia por su cuenta, puesto que tanta gente ha tratado de hacer eso y les sale el tiro por la culata, que nuestras autoridades están preocupadas. Incluso, recuerdo a mi célebre compadre Cuchara, a quien lo mataron por venganza. Bueno, la cosa es que el hombre llama a Carabineros, nuestra gloriosa institución de paz y orden y seguridad, a la cual todos los chilenos le tenemos tanto respeto. Llegaron, las partes dieron su declaración y listo, todos quedaron tan panchos. A propósito de panchos, mi vecino tiene un perrito, que se llama pancho, que está bastante bonito, un día de estos se lo voy a robar. El asunto es que los accidentes con microbuses no son para nada novedosos, de hecho han estado envueltos en las más insólitas acciones:
- El atropello de 3 carretas de la Feria (que se instala en Av. La Serena, comuna de Recoleta), habiendo casualmente sólo dos heridos, el chofer de uno de los carruajes, y su acompañante, un malogrado cerdo que tenía de mascota.
- El ir en contra del tránsito y reclamarle a los demás que estaban equivocados.
- Atropellar a 300 chanchitos de tierra que celebraban su salida del colegio.
- Botar una grúa – torre que construía casualmente, el santuario nacional de las vacas (mi colega Gonzalo Aravena estuvo con depresión por mas de 3 días).
- Raptarse a un vagabundo que no quería tomar micro.
- Transportar carabineros, y en contadas ocasiones, estudiantes universitarios y/o secundarios.
- Transportar ganado, en situaciones que deberían llevar pajaritos.
- Etc.
Como puede observar, fiel lector, los microbuses son un cruel instrumento de la ciudad para hacernos sufrir, nunca hacen bien su trabajo. Por lo menos se ha implementado el Transantiago que, gracias a él, podremos pagar más, para estar más rato dentro de la micro que no tiene aire acondicionado.