Inicio de la locura.
Hace pocos minutos desperté. Desperté con el miedo más terrible que podía sentir. Sentía que si despertaba, si abría los ojos, si volvía conscientemente (tal como lo estaba haciendo inconscientemente) al mundo real, la ciencia, sí, esa impresionante ciencia que "todo lo puede hacer" y nada la detiene, podría absorberme, quitarme mi individualidad, transformarme en algo nimio, carente de valor por sí y para sí mismo (y por lo tanto para el resto), por lo que por defecto yo caería en el olvido y en el limbo de la memoria, en aquel lugar donde caen nuestras buenas, pero olvidadas, ideas. Me sentí una idea, algo tan potente pero tan vago a la vez, que podía desaparecer en cualquier momento. El miedo que me invadió, junto a la imagen de científicos del siglo XVI, XVII y otros, que disponían de mi como si fuese algo tan poca cosa, me hizo despabilar, tratar de arrancar despierto, correr hacia el interruptor de la luz, encender ésta y escribir lo que estoy haciendo. Quizás nunca más lea filosofía antes de dormir. Quizás, como un acto revelador, lo haga más seguido, para experimentar (cual Bacon y el empirismo) cuales son los límites del mundo onírico, esos que muchos han negado como verdaderos, pero que para mí son una de las grandes realidades en las cuales estamos presentes.
Santiago, 5 de Enero, 2007. 04.00 AM.

PS: La ciencia está experimentando conmigo, así como experimenta con nosotros todos los días. Pero quizás es un adelanto; un pequeño paso que puedo dar para yo controlar a esa masa inexistente llena de existencia, llena de conocimientos acumulados. Bienvenida Historia a la cotidianeidad.
[Después de esta anécdota, comencé a viajar por mi mente de una forma poco común. Comencé a comprender e incomprender la realidad, transformándose en algo bastante complejo. Así, el mundo comenzó a cambiar, a encantar, a desencantar, a reencantar. (3-3-2007)].

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